@felixmarranz: Sin duda la vida rural es mucho más dura que en la ciudad, pero el frío es el frío en todas partes. Recuerdo que en mi lejana infancia en Madrid, en invierno llegaba congelado al colegio dejando el morral a un lado, me acercaba al radiador del calefactor y pegaba las manos tan cerca como podía, hasta que se desentumecían. Pero a la hora del recreo, nada importaba y aunque hubiera nevado, salíamos al patio a correr. Solo una vez dejamos de ir al colegio por el clima. Fue una helada, ese día no salimos de casa, pero mi padre fue a trabajar, aunque lo devolvieron, pues nadie más fue y ni siquiera había autobuses circulando. Contó que fue una proeza llegar al bar de la esquina donde se encontraba con los vecinos y alguno lo trasporto ese día, pero primero se estuvieron riendo de todos, pues hasta el suelo estaba congelado y la única forma de subir los cinco o seis escalones de la entrada fue a gatas. Cuando por fin volvimos a clases, aún había charcos con hielo, que nos sirvieron de juego. Quisiera resistir hoy como entonces. Ja, ja. Saludos.
@numa26: ¡Guau, qué hermoso! Sentí hablando al poeta. Me encanta tu manera de contar historias. Me gustaría escribir un poema para ti, me encantaría escucharlo desde tu inspiración. La expresión "El Poncho de los pobres" me llenó de emoción y me conectó con el momento... Mis felicitaciones. Más allá de la historia están los sentimientos y los sentidos muy comprometidos. La verdad, es que tu infancia invernal no estuvo fácil, pero como dices, era lo que tocaba. Además, estoy imaginando que el gusto por salir bien temprano con tu bici, tiene que ver con esas salidas de niño a tu escuela y a caballo. No sé, es lo que creo. Saludos, amigo. ❤️
@mamaemigrante: Yo no tuve inviernos en mi infancia, aunque entre enero y febrero bajaba mucho la temperatura en mi ciudad y eso nos llevaba a usar cobijas gruesas y abrigarnos un poco más. A mi me encantaba echar "humito" por la boca cuando el clima estaba así. Pero al estudiar en una escuela rural, si veía como mis compañeras llegaban con los zapatos mojados y bastante entumecidas, aunque no teníamos calefacción en la escuela, y esto lo aclaro, pues no era inhumano que así fuera, ya que el frío de Los Teques era con una mínima de 14 grados para entonces.